Le pago ochocientos yuanes a un hombre que sabe hablarles a los que compran. Es la tarifa de una inauguración, de siete a diez de la noche, en un sobre, esa misma noche. Lukas Voss ha hecho catorce para mí en dos años.
Los vale. Sabe tres cosas de cada lienzo y las dice en el orden correcto: la fecha, el taller, el detalle que uno no ve si no se lo enseñan. Los australianos y los alemanes le contestan como a un conservador de museo. Los chinos, menos; miran primero el precio, que es más sano.
Mi galería está en la calle Wukang, al fondo de un patio, sin rótulo. Llevo catorce años en Shanghai, la galería tiene nueve. Antes vendí parqué, y antes de eso traduje contratos. Lo digo para que nadie se haga ideas sobre mí.
Nunca le he hecho preguntas. No se le hacen preguntas a alguien a quien se paga.