Confesión dictada en wenzhounés y traducida por nosotros. El autor no lee francés.
Mi puesto tiene veintidós metros cuadrados, pasillo C, segundo nivel, en el Cifa de Aubervilliers. El suyo tenía veintiséis, justo enfrente, y le daba la luz de la mañana.
Vendemos lo mismo, ella y yo: prêt-à-porter de mujer, cinco piezas mínimo por modelo y por talla, a los minoristas que llegan a las ocho con maletas de ruedas y se van a mediodía. Marselleses, españoles, algunos napolitanos, rumanos desde hace tres años. Pagan en efectivo, no firman nada, no vuelven nunca si un pedido llega tarde. Una temporada entera se juega en seis semanas de noviembre y seis semanas de mayo. Se puede hacer el año con cuatro clientes y perderlo con uno.
El 14 de noviembre, un cliente de Marsella me preguntó, mientras contaba sus billetes sobre mi mostrador, si era verdad lo que se decía de ella. Tardé cuatro segundos en contestar. Todavía los cuento.