Dos mil veintiséis menos ciento sesenta y nueve son mil ochocientos cincuenta y siete.
Lo había sabido en el Chafariz d'El-Rei, sobre el brocal, mientras abajo pitaba un ferry, y no había dicho nada. Rehíce la operación el lunes por la noche, al volver de Setúbal, en la esquina de la mesa, con el lápiz graso que uso para los calcos. El resultado no se movió. Los resultados no se mueven nunca; es su principal cualidad, y por eso la gente prefiere las historias.
Mil ochocientos cincuenta y siete no es mil seiscientos cuarenta. Hay doscientos diecisiete años entre los dos, y doscientos diecisiete años no son una imprecisión, son otro país.
El miércoles hice lo que hace alguien de mi oficio: fui a ver los papeles.