La cocina de 王秀珍 mide dos metros por uno cuarenta. Hay un taburete, una bombona de gas, y una ventana que da a la caja de la escalera del edificio 8.
Ileana cerró la puerta con el pie, porque tenía las manos ocupadas con dos platos.
Habló en alemán, despacio, como habrá hablado a las familias durante treinta y cuatro años.
En el certificado de nacimiento hay dos nombres: el de él, y el de una mujer joven que ahora trabaja en Shenzhen. La madre firmó un papel en el 公证处 de Yangpu, el 9 de enero. Ese papel no vale gran cosa: dice que ella renuncia, no dice quién se queda. La niña no tiene 户口. No tiene pasaporte, ni chino ni alemán. Tiene un año, dos aros de plata y un expediente vacío.