Lo conocí porque se equivocaba en los tonos.
En Tantan, su perfil decía: Historiador. Leipzig, Berlín, Shanghai. Busco practicar mi chino, corrígeme sin piedad. Una foto delante de una biblioteca, otra en bicicleta, una tercera en la que leía en un café fingiendo no ver el objetivo. Los chicos de Fudan ponen fotos de coches. Él ponía libros. Yo tenía veintidós años y me parecía elegante.
Lo corregí sin piedad. Confundía 买 y 卖, comprar y vender, lo cual, visto con perspectiva, debería haberme servido de aviso. Me contestó en alemán, en broma, y pasé la noche con un traductor para entender que me había escrito: “Es usted más severa que mis profesores”. Me hablaba de usted. Nadie habla de usted en Tantan.